Peroné como tutor de movimiento
El esqueleto humano cumple varias funciones, entre las cuales se pueden destacar la de sostén y protección de órganos, mantenimiento de la postura corporal, hematopoyesis, participación en el metabolismo fosfocálcico y al recibir la inserción de ligamentos y masas musculares colabora con el movimiento, la locomoción y la marcha.
Durante el desarrollo del niño, una de las últimas funciones que se concreta es la función manual que permitirá otras habilidades y destrezas, siendo la escritura su máxima expresión.
Para realizarlas, no solo se requiere del aprendizaje, sino de una práctica reiterada y constante hasta el logro del automatismo.
Al ser un acto motor tan específico, la estabilidad del mismo está dada desde el antebrazo, siendo el cúbito y los músculos cubitales los estabilizadores de los movimientos predominantemente radiales (pinza fina y movimientos con objetos finos), generando así un punto fijo o automatismo de fondo para este gesto motor.
Haciendo un paralelismo, el peroné cumple la misma función que el radio, en los movimientos del pie, siendo tutor de los movimientos y estabilizador del tobillo en toda su acción.
El peroné, es un hueso que no tiene carga de peso directa; ocupa toda la longitud de la pierna en su cara externa; es delgado y presta inserción a 7 músculos, tres posteriores (Sóleo, Tibial Posterior y Flexor Largo del Hallux), dos laterales (Preoneo Lateral Corto y Peroneo Lateral Largo) y dos anteriores (Extensor Largo de los Dedos y Extensor Propio del Hallux). No está fijo, bascula sobre un eje longitudinal a la diáfisis del hueso, generando torsiones y sobre un eje horizontal medio-lateral, de tal manera que, cuando se abre el maléolo externo, la cabeza peroneal se cierra sobre la tibia y se posterioriza, cuando el maléolo externo se anterioriza.
La articulación del tobillo conformada por tibia, peroné y astrágalo, es una articulación sinovial clasificada como diartrosis, troclear, que solo genera movimientos de flexo-extensión, donde la tibia ocupa el 90% de la carilla articular del astrágalo.
El peroné, en cambio, ocupa solo del 5 al 10 % del astrágalo, siendo una articulación a distancia, solo unida por ligamentos que van tanto al astrágalo como a la tibia.
Teniendo en cuenta esta relación, el peroné juega un papel importante como guía de los movimientos de eversión e inversión del pie, dando “espacio“a la realización de estos movimientos, descendiendo, ascendiendo, interiorizándose y posteriorizándose, según sea requerido.
¿Por qué es tan importante identificar trastornos y lesiones que pueden afectar a la función primordial del peroné como guía y tutor del movimiento del pie y tobillo?
Un esguince de tobillo en inversión, puede no solo lesionar las estructuras laterales del tobillo, sino que puede dañar la relación entre la tibia y el peroné, generado por un descenso abrupto de este último por el mecanismo de inversión y flexión plantar, generando también una anteriorización del maléolo externo que complica el cuadro.
Una rápida acción sobre estos desejes, reduciendo las pequeñas subluxaciones de las carillas articulares (no solo del peroné, sino también del astrágalo), facilita y asegura la recuperación con la menor deformación articular y con la menor “tensión” sobre las estructuras. Siendo éste el escenario, siempre es recomendable recurrir a una contención ortopédica adecuada.
El descenso abrupto del peroné puede generar una manifestación neurálgica por compresión del nervio ciático poplíteo externo y una falla funcional del tibial anterior, del sóleo y de los músculos peroneo lateral largo y peroneo posterior, generando así, un déficit mecánico durante la recuperación.
