Trastornos físicos asociados al aislamiento social en adultos mayores
No es novedad decir que los adultos mayores son víctimas de este aislamiento social asociado a la prevención del SARS CoV 2 (coronavirus tipo 2 del síndrome respiratorio agudo grave).
Son personas de riesgo ante la pandemia y las infecciones respiratorias estacionales, no obstante, el aislamiento de los afectos y la disminución de la funcionalidad en su vida diaria previa al lockdown (funciones ejecutivas tales como hacer compras, manejo del dinero, desplazamiento en la vía pública, entre otras) hace que estos sujetos tengan un incremento notable de riesgos de caídas, deterioro cognitivo, trastornos psicológicos y biológicos emparejados a la situación de encierro.
En este artículo la idea principal es generar una toma de conciencia sobre el riesgo de fragilidad en la que el adulto mayor puede exponerse ante el aislamiento físico/social obligatorio.
Los adultos mayores saludables son personas funcionalmente activas, autónomas, encargadas del autocuidado, de los quehaceres domésticos (compra de alimentos, preparación de las comidas, manejo del dinero, transporte y desplazamientos, etc.)
Para estas funciones ejecutivas se utilizan muchas herramientas biomecánicas a fin de adaptarse a las fallas geográficas, diferencias de superficies, depresiones y relieves del terreno, haciendo que la fuerza muscular actúe constantemente en pro de un objetivo y para ello se necesita estabilidad, experiencia y fundamentalmente un terreno donde realizarlo.
El inconveniente del encierro (más allá de los beneficios esperables), es que va a privar de estas adaptaciones a la superficie; el sujeto se desplaza por lugares sin las fallas geográficas o con accidentes del terreno que ya son conocidos (que los podrían describir con los ojos cerrados).
En el nuevo contexto acotado de espacio, los músculos pierden la capacidad de adaptación rápida y el riesgo de caída se incrementa de manera exponencial.
La falta de adaptación, va a hacer que los músculos postulares se habitúen a no tener exigencia, (aun cuando la persona mayor tenga actividad física dentro de su hogar).
Los músculos estabilizadores primarios van a perder su tensión normal, para pasar a un estado de inactividad peligrosa para el adulto mayor.
La estabilidad de pelvis en posiciones unipodales se comienza a perder debido que las posiciones de la vida diaria son todas sobre ambas piernas, con una descarga bipodal, estática, sin inestabilidades súbitas, o en posición sedente.
La inestabilidad de la marcha, como los cambios de velocidad, la multidireccionalidad, el tono muscular simpático de base (la precaución en la vía pública aumenta el estado de atención), se ven desfavorecidos por la falta de experiencia en la vía pública y en terrenos desconocidos, haciendo que el adulto mayor se sienta aún más inseguro y por defecto, va a evitar o dejar de salir a la calle por la sensación de inseguridad mecánica que representa el simple hecho de ir a hacer compras.
Así como el deporte elite está sufriendo una depresión de nivel debido a las falencias de un entrenamiento aislado, personalizado y sin acceso a la funcionalidad que le da el terreno de
competición, lo mismo pasa con el adulto mayor encerrado.
Supongamos que el adulto mayor es una persona independiente, que vive sola, que es quien se hace cargo del día a día en condiciones de no confinamiento, con un deterioro motor normal por la vida sedentaria de oficinas, con actividades físicas dentro de los rangos normales (2 o 3 veces por semana) de ejercicios de bajo impacto cardiovascular, sin tener en cuenta comorbilidades contempladas con el paso de los años. Este sujeto tiene la capacidad de realizar actividades normales debido al estímulo diario de “ejercicios” musculares en las funciones de la vida diaria.
Ahora bien, a este sujeto se le prohíbe salir, por riesgo vital.
Entonces, su actividad física semanal va a decaer, sus tareas van a ser ir desde la cama a la cocina, cocinarse, entretenerse durante el día con actividades sedentes (ver televisión, leer, manualidades, etc.) y posiblemente realice 1 hora de actividad física por algún medio digital. Este tipo de actividad nada tiene que ver con la actividad realizada en un establecimiento de entrenamiento, debido a varios puntos, como la competitividad, la autoexigencia, la exigencia del entrenador, las correcciones de la mecánica del ejercicio, los pesos y las herramientas o equipos que se utilicen para dichas actividades, haciendo que una actividad en el domicilio del sujeto siempre sea inferior al nivel de actividad que puede realizar en otro lado.
El confinamiento va a hacer que los recursos para comprar los alimentos sean terciarizados, pidiendo a alguien que le haga las compras, haciendo que la actividad de movilizarse desde su casa hacia el supermercado, estar caminando en búsqueda de los productos, discernir entre las comparativas de productos, van a estar abolidas, reduciendo considerablemente las funciones de estabilidad, la resistencia muscular y postural intervinientes en dichas actividades.
La falta de la resistencia de los músculos postulares y estabilizadores va a hacer que la pelvis tenga un déficit en la capacidad de distribuir el peso de manera eficiente en las descargas de peso unipodales, lo que va a generar la necesidad de un elemento de estabilidad externo, un ayuda-marcha que mantenga estable el sistema en las fases unipodales, y el adulto necesitará, en consecuencia, utilizar un bastón para desplazarse en la vía pública.
Se omite (considerando los objetivos del artículo) implicar la importancia en los resultados de la interacción social y su implicancia emocional en la funcionalidad.
Teniendo en cuenta estos trastornos motores por falta de estímulo por aislamiento social, mi recomendación es comenzar a realizar desplazamientos progresivos en la vía pública (con todos los cuidados, considerando los protocolos de seguridad higiénica y de distancia física), evitando el confinamiento prolongado (dar una vuelta de manzana por día, moverse en superficies irregulares con las precauciones pertinentes dependiendo del estado general físico-motor).
La actividad física de 1 hora diaria resulta ser insuficiente en los adultos mayores, los ejercicios en este grupo etario deberían estar enfocados a las actividades realmente funcionales, como levantarse del piso, poder mantener estabilidad sobre una pierna, mantener grados de movilidad dorso-lumbar para realizar rolidos e incorporaciones de acostado sin inconvenientes, realizar ejercicios de miembros inferiores teniendo como diana el desplazamiento de la persona, la fuerza para poder arrodillarse y levantarse.
Mientras más se estimulen estas actividades, menos decadencia tendrá la estructura a trasladar; la estabilidad se entrena en medida se utilice, lo que no significa que el uso de superficies inestables ayude, sino que el simple hecho de que el adulto mayor pueda marchar sin inestabilizarse es más que suficiente y se puede complejizar el movimiento siempre y cuando lo permita la calidad de movimiento del sujeto.
Quedarse en casa es importante en estos tiempos, pero, el estímulo hace a la función.
Los adultos mayores son un grupo con riesgo de fragilidad y se debe tener en cuenta que, la falta de actividad física conlleva también, al deterioro del aspecto cognitivo.
El ser humano es un ser social y las personas mayores necesitan estímulos multifactoriales para mantener su funcionalidad.
Mientras menos actividad tenga el adulto mayor, menos actividades va a poder realizar a futuro; es importante que se los estimule al movimiento y a la realización funcional y social.
