Postura y alineación segmentaria desde el punto de vista de la Neurobiomecánica

La Real Academia Española (RAE) define la postura como “la manera en que está colocado el cuerpo o una parte del cuerpo de una persona o de un animal”. Explicación rígida para algo dinámico e inestable que puede aún cambiar según el estado de ánimo.

Durante la formación académica también se muestra a la postura como algo estático, donde cada segmento tiene una alineación preestablecida y donde el error posicional de uno de éstos es signo de patología, siendo uno de los deberes primordiales del rehabilitador “recomponer” esa desalineación.

Pero, ¿cuándo se puede considerar una desalineación como patológica y cuándo no?

Una desalineación se puede considerar patológica cuando una estructura x comprime y/o no permite el desarrollo o la correcta función de otra estructura. Por ejemplo, una escoliosis es patológica cuando la desviación de la columna comienza a ser nociva para las vísceras. El diagnóstico temprano de la misma da oportunidad a su resolución conservadora o no.

No obstante, más importante es detectar cuándo una desviación no es patológica y es propia de la mal posición segmentaria de la persona.

Funcionalmente, hay que tener en cuenta que cuando un segmento se mueve hacia delante o hacia atrás, va a incidir sobre otro segmento, haciendo que se genere un movimiento de la misma magnitud, en dirección opuesta.

En esta dinámica se debe tener en cuenta que, la correcta alineación genera un equilibrio en el sistema.

Importa comenzar destacando lo dinámico del movimiento segmentario, donde las fuerzas que se aplican y las deformaciones a las que se somete diariamente desencadenadas por el trabajo, actividades físicas, adaptaciones funcionales, etc. tendrán un efecto distinto en cada persona.

Si a un objeto x, que debiera estar “estático” en un punto, se lo moviliza hacia adelante, la reacción de la estructura va a ser generar un refuerzo posterior para que se mantenga en el mismo lugar. Lo mismo sucede si se lo moviliza hacia atrás o hacia los costados, con fuerzas de distracción o compresión.

Teniendo en cuenta esto, la postura es un hecho simple, donde cada segmento está en correcta posición si las fuerzas que lo estabilizan se equilibran hacia el menor consumo de energía posible.

Cada estructura tiene que ser comprendida como un eslabón de una cadena, pues, desde un punto de vista meramente evolutivo, está en ese lugar y cumple una función específica y simple.

Los brazos cumplen la función evolutiva de acercar objetos de pesos moderados, realizar alcances y primordialmente alimentarse.

Las piernas están “hechas” para movilizarnos, transportar pesos de un “punto A” a un “punto B” utilizando inestabilidades controladas, como la marcha, el salto y la carrera.

Concientizar cada segmento y aprender dónde tiene que reposar, es un gran comienzo.-

Bien se sabe que las curvaturas de la columna están diseñadas arquitectónicamente para generar potencial de movimiento, ser una estructura estable pero no rígida.

Las curvas y contracurvas son reservas de potencial, simplificando así la movilidad del sujeto.

Cuando una de estas curvaturas se desestructura, la otra va a compensar la deficiencia en la misma magnitud.

Así, por ejemplo, la rectificación de la curvatura cervical va a generar un aumento de la curvatura dorsal y un cambio no tan significativo en las curvaturas lumbares y sacras.

Analicemos la mecánica y dinámica de la rectificación cervical.

Siendo que el cuello es la base de la esfera de la calota, simplemente la cabeza debe reposar sobre esta base, perfectamente equilibrada entre los hombros y descansando en la parte media de un eje virtual que pasa por el tórax.

Cuando la cabeza se adelanta al eje toráxico, la respuesta normal es que los músculos posteriores del cuello generen más fuerza para mantener el equilibrio antigravitatorio, a fin de resolver el deseje. Si no se corrige conscientemente la inestabilidad anterior de la cabeza, todas las consecuencias que ello ocasiona, no podrán ser prevenidas.

Ante esta circunstancia, desde la terapéutica (clínica, física, kinésica), lo que se tiende a hacer es “aflojar” la musculatura, lo cual no es incorrecto pues se debe “cortar” el circuito de dolor que aquello genera, pero simultáneamente implica asesorar acerca del posicionamiento normal, mostrar que la cabeza no debe tener tensión, simplemente ha de ser el ápex del cuerpo y permanecer “flotante” entre los hombros.

De tal manera, la cabeza tiene que caer sobre los hombros; los hombros deben permanecer libres y ser parte del tórax, más allá de su posición (anteriorización o posteriorización) y ambos descansar sobre la pelvis; a su vez, todo el peso del tronco debe caer en los pies, en todo el “trípode de apoyo” formado por el hallux, cabeza del quinto metatarsiano y el cuadrado carnoso de Silvio, ubicado en la cara inferior del talón).

La estructura puede fallar en cualquier movimiento, generando inestabilidad no solo en el tronco sino en la cintura pélvica o en la cintura escapular produciendo un movimiento “desalineado” con mucho gasto de energía.

Se pueden hacer correcciones posturales actuando sobre los músculos proximales que se encuentran en las cinturas escapular y/o pélvica. –

El primer eslabón a tener en cuenta es la cintura escapular.

La posición de los hombros va a depender de algunos aspectos que son sencillos de obtener a través de la anamnesis, como lo es analizar las actividades de la vida diaria.

Sin generalizar, podemos suponer que una persona que no realiza trabajos de carga sobre los miembros superiores, ya que sus funciones se van a limitar a lo básico, comer, vestirse, higienizarse, etc. va a tener un aumento de tensión en el grupo flexor, dejando de lado la estabilidad escapular, de tal modo que el eje virtual latero-lateral que cruza ambos hombros, va a estar anteriorizado. Esta posición, no tiene que ver con una mala postura.

Supongamos que vemos un aumento de la curvatura dorsal, en este caso hay que tener en cuenta la separación de las escápulas; puede ser por debilidad del dorsal ancho y aumento de la tensión del trapecio superior, ocasionando un cambio del eje escapular por un tilt anterior, lo que da por resultado un aumento aparente de la curvatura dorsal, dejando al descubierto a la parrilla costal.

El deseje por un tilt anterior de la escápula, va a generar una rotación interna humeral, haciendo que los estabilizadores de la articulación glenohumeral cambien de mecánica, provocando que la porción larga del bíceps presente una fuerza luxante del mismo sobre su corredera.

En este caso, el codo no va a tener mayores inconvenientes, pero los músculos extensores de muñeca van a tener mayor solicitud, produciendo un exceso de fuerza en un intento de estabilizar y suplir el cambio del eje de movimiento.

Como un edificio, la estructura comienza desde la base.

La postura no se ve desde los hombros sino desde la base de la columna. Esta base, no son los pies, sino la pelvis.

Si se corrige la retroversión pélvica, la estructura se va a disponer de manera correcta sin necesidad de ningún otro cambio.

Un aumento de la masa muscular del glúteo, no solo producirá un aumento de la masa muscular del cuádriceps, sino que actuará generando una corrección del eje de la rodilla, ya que va a rotar la cadera hacia externo y posicionará la pelvis en anteversión por tracción sobre el sacro.

En conclusión, la postura correcta tiene como finalidad la optimización mecánica, realizar un movimiento eficiente y eficaz aboliendo las posibles lesiones, ahorrando energía, adicionalmente.

Las cargas a las que las personas se someten en gimnasios y en otros ámbitos de entrenamiento, son correctas siempre y cuando sean realizadas “a medida”, personalizadas, para que el sujeto realice cada ejercicio con la óptima conservación de la estructura y el balance estructural logrando la mayor amplitud de movimiento necesaria para el mismo.

Si falla uno de éstos (estructura o postura), será inevitable la aparición del dolor como signo de alarma y aviso del mismo.

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