Lesiones musculares. Evolución según la solicitud deportiva.
Las lesiones musculares variarán según el funcionamiento del mismo durante la actividad deportiva.
Cada deporte tiene músculos más solicitados y que precisan una coordinación contráctil específica con cierta potencia para generar el movimiento de palancas de la cadena cinemática a mover.
Dentro de estas solicitudes de un mismo deporte, cada deportista va a tener una exigencia diferente.
Cada rol dentro de un determinado deporte requiere contracciones musculares, ajustes posturales y rangos articulares diferentes. Un aumento en la exigencia o una falla en la coordinación va a demandar una adaptación. Si esta adaptación es insuficiente, la lesión muscular es inminente.
Así mismo, hay que tener criterio para diferenciar el tipo de deportista, su calidad biomecánica, la exigencia y estrés al que va a estar expuesto. Es decir, no es lo mismo un desgarro muscular de un músculo accesorio en un deportista amateur, que en uno profesional.
Para esta discriminación, en la actividad, el rehabilitador debe tener en cuenta y conocer detalles que la neurobiomecánica ofrece sobre la especificidad biomecánica del deporte, los motores principales del gesto motor y los músculos accesorios del mismo.
Ahora bien, teniendo en cuenta esto, hay que respetar tiempos primordiales e inamovibles que van a hacer que la rehabilitación sea mucho más rápida y simple.
Los primeros dos días post-lesión son cruciales para que el organismo comience a estabilizarse. Para esto, lo más importante es el reposo y la “inmovilización” o contención del foco de lesión.
Posteriormente, hay que generar comodidad durante el proceso de curación, hacer que las estructuras cicatricen de manera controlada y sin estrés, para no desencadenar un aumento excesivo del tejido conectivo que formará la cicatriz.
Pasados los cuatro días (los tiempos son aproximados y varían según la gravedad de la lesión), es de suma importancia que el músculo lesionado no tenga reacciones de defensa, que no haya contracturas asociadas y lograr separar cada estructura para que no se produzcan adherencias entre el foco de lesión y las estructuras anatómicas adyacentes.
Durante la segunda semana, comienza la reparación del foco lesionado. Durante esta etapa, es cuando más atento hay que estar a las reacciones defensivas del músculo y hay que evitar el exceso de tejido conectivo.
El tejido conectivo dentro de un tejido contráctil se transforma en una traba, en un tabique inútil, que va a producir una disminución del rango elástico del músculo y un punto débil, pues, cuando aumente de estrés de ese músculo, se va a generar ruptura del tejido no contráctil.
Durante la tercera semana, se genera la remodelación del foco de lesión. Esto no significa que el músculo vuelve a la normalidad, sino que el proceso de reparación tisular finaliza y el organismo “asimila” y se adapta a la nueva situación anatómica.
La cicatriz es simplemente un recurso para “llenar” el hueco generado por la ruptura, no es funcional para el deportista.
Cuando una ruptura muscular sucede, hay que rehabilitar a un músculo con menor cantidad de fibras contráctiles. Según la cantidad de fibras musculares rotas, el grado de lesión va a variar.
Pero,
¿Simplemente hay que dejar que cicatrice el músculo o hay que rehabilitar a un músculo con un déficit de fibras musculares?
Un músculo desgarrado es un músculo que pierde un porcentaje de fibras. Este porcentaje NO se vuelve a regenerar, simplemente se pierde. Entonces, el músculo (simplemente a modo de ejemplo) pasa del 100% de fibras a un 90%.
Aquí es donde el especialista neurobiomecánico debe convertir ese 90% de tejido contráctil en un nuevo 100% para ser sometido al estrés deportivo sin tener ningún déficit mecánico que pueda generar lesiones en otras estructuras asociadas.
Volvamos a la diferenciación de la evolución de la lesión según la solicitud deportiva.
Hay algunas licencias que el rehabilitador puede tomarse en cuanto a los tiempos dependiendo del tipo de deportista.
Una lesión del bíceps femoral no va a tener la misma incidencia en un deportista con características de potencia explosiva que en un deportista de características de resistencia.
Entonces teniendo en cuenta esto, los tiempos se pueden reducir según el deportista y dependiendo el músculo lesionado, los tiempos pueden ser reducidos entre un 50 a 75%.
En un deportista profesional, las licencias a tomar, son más riesgosas, pero hay que tener un conocimiento anatómico y biomecánico del sujeto para que esto sea efectivo y reducir los riesgos a lo menor posible.
Para ello vamos a tomar p.ej. un caso de mi experiencia.
Jugador, defensor central, de 33 años, 187cm de altura y 87Kg; en 2016 tuvo una lesión en el tercio medio del bíceps femoral izquierdo.
Esta lesión tiene evolución natural entre 21 y 30 días. El tratamiento comenzó al día siguiente.
El cuidado inicial fue hielo y contención local. Pasadas 48hs de la lesión, comenzó el tratamiento manual y fisioterapéutico localizado en la región posterior del muslo, teniendo cuidado en las reacciones defensivas periféricas al foco.
Al 5to día, comenzó a realizar ejercicios excéntricos de gimnasio y en campo, trabajos adaptativos al 50%.
Una vez terminada la sesión de entrenamiento, se volvía al trabajo manual para reducir las respuestas defensivas asociadas a la lesión y la producción de cicatriz.
Día a día los trabajos se intensificaron hasta un 100%.
El cuerpo médico había descartado al jugador, no obstante, al ver la evolución, el cuerpo técnico comenzó a dudar de la decisión.
El tratamiento fue planificado para que el jugador pudiera estar en campo al 10mo día, ya que se jugaba una final.
Acá es donde el conocimiento Neurobiomecánico de las exigencias y el estrés al que se va a someter el deportista profesional es fundamental.
Teniendo en cuenta que el jugador era más del tipo “resistente” que “potente “y el nivel de exigencia en cuanto a la competencia a la que se enfrentaba (fútbol comparable con una segunda o tercera división europea), iba a permitir que el jugador estuviera disponible para los requerimientos de la final.
Sin embargo, el requerimiento fue mayor. El jugador tuvo que estar 120 minutos dentro del juego. Terminados los 90 minutos, hubo que realizar trabajos manuales para relajar los muñones del desgarro, para que continuara jugando sin riesgos de abrir el foco de desgarro.
Aún así, el jugador terminó el partido sin sintomatología mayor que una sobrecarga de cansancio muscular.
Entonces he aquí, un ejemplo de reducción de tiempos teniendo en cuenta la exigencia y el biotipo de persona y de jugador. Incluso siendo un motor principal, los requerimientos biomecánicos iban a ser menores y los riesgos a tomar se reducen considerablemente.
Este tratamiento no hubiera sido efectivo con un jugador que desempeñe un papel de velocidad explosiva, como un delantero o un volante, debido a que la exigencia del bíceps femoral iba a ser mayor por una necesidad de un arranque con potencia y de reacción explosiva.
El conocimiento de la anatomía y biomecánica, no solo va a reducir tiempos de la vuelta a la cancha, sino que también el rehabilitador neurobiomecánico puede generar que el jugador lesionado, incluso con pocos días de la injuria, pueda jugar sin sintomatología ni déficits mecánicos.
Para ello, no solo se debe hacer el tratamiento correspondiente, sino también una concientización y enseñanza al deportista y hacerle saber que NO DEBE HACER y cuáles van a ser los medios para llegar, por ejemplo, a una máxima velocidad.
La lesión de un músculo accesorio, va a presentar sintomatología a la repetición del gesto motor.
La lesión del semimembranoso, va a permitir hacer sprints y salidas de potencia al deportista, pero no va a poder mantenerlo en el tiempo, a la velocidad; a los 40 o 50 metros, va a llegar el calambre y la contractura del músculo afectado.
El reconocimiento de la biomecánica analítica de cada deportista y de la anatomía funcional, va a hacer que el especialista Neurobiomecánico se distinga, haciendo que el jugador profesional sea una herramienta disponible cada vez que es solicitado por el cuerpo técnico y no pierda su lugar en la competencia diaria del alto rendimiento.
