Rollover Intercostal y Dolor anterior de hombro

Este artículo es una invitación a aumentar el espectro con mirada al diagnóstico de “dolor de hombro”

El hombro es una articulación por definición inestable, ya que es un segmento biomecánico pendiente de un conjunto de músculos y componentes pasivos (ligamentos y cápsula) que “garantizan” su estabilidad aunque frágil estabilidad.

Los diagnósticos de hombro doloroso suelen ser, en su mayoría, la búsqueda de una falla estructural catastrófica como una lesión del rodete glenoideo o un síndrome de inflamación tendinosa, donde tendones de músculos estabilizadores reaccionan generando inflamación y consecuente dolor, casi forzando la justificación para poder clasificarla. Pero como describí en el artículo “la falla no es el tendón” hay que realmente revisar a qué corresponde esa falla biomecánica. 

A lo largo de mi carrera de grado, me describieron el hombro como un complejo articular conformado por cuatro articulaciones principales, dos sinoviales, una ligamentaria y una articulación compuesta por un grupo muscular que conecta la escápula con el tórax (articulación escapulo-torácica). 

Siempre comprendí esta última como una articulación casi imperceptible y poco significativa que solamente necesita de entrenamiento para que la posición de la escapular no cambie, haciendo que el enfoque siempre estuviera sobre la escapula y nunca sobre el otro componente de la articulación: el tórax.

El tórax es una estructura anatómica compuesta por las vértebras dorsales, las costillas y el esternón que tiene como principal objetivo pasivo la protección de los órganos vitales, pero como función activa tiene nada más y nada menos que la respiración que, aunque sea automatizada, los músculos intercostales y las costillas están en constante movimiento inspiratorio y espiratorio. 

Este es el punto adonde quiero llegar. He evaluado en muchos pacientes la existencia de un tipo de dolor muy particular y muy común con características distintivas, refiriendo dolor en la región anterior del hombro, de tipo difuso, con predominancia puntual en la región de la apófisis coracoides. 

A la evaluación, se pesquisa una inflamación del tendón de la porción larga del bíceps (sin características de subluxación), pero realmente no describe el dolor que el paciente refiere. Al palpar ambas apófisis coracoides, encontré la principal y compleja característica de este síndrome de hombro doloroso: una apófisis coracoides notoriamente más prominente que la otra, coincidentemente con la del hombro sintomático.

 ¿Qué significa ese signo? ¿A dónde tengo que recurrir para reponer de manera correcta el eje articular claramente desalineado? ¿Es posible que la inflamación de esas estructuras sea consecuente a un deseje liderado por ese tilt anterior de escápula? ¿Por qué la escápula se posicionaría en tilt anterior si la fuerza muscular es competente bilateralmente? 

Todas estas preguntas llevaron a una evaluación torácica e incluso en la anamnesis, la persona percibió días previos una sensación de contractura subescapular, no del músculo, sino literalmente debajo de la escápula, haciendo el movimiento del hombro “incómodo”. 

Aquí es donde el espectro de evaluación aumentó y los componentes que antes en mi cabeza eran “pasivos” tomaron un rol muy activo en el dolor del hombro: el rollover intercostal.

El Rollover intercostal es una descripción precisa de un cambio posicional intercostal que produce el cambio biomecánico del hombro, generando por consecuencia un desplazamiento de la escápula, donde ese “pseudo tilt anterior” cambia la biomecánica del hombro. Este cambio biomecánico no produce inflamación de los tendones del hombro, lo que produce realmente es una rotación interna del húmero, cambiando los músculos que actúan en la flexión de hombro, generando una mayor solicitud del braquial anterior, porción corta del bíceps y coracobraquial, que son los que comienzan a fallar en la biomecánica, haciendo que la funcionalidad de los tendones de estos músculos no sea la normal y “pierdan” su elasticidad y su capacidad de estirarse y contraerse.

El Rollover intercostal es ese dolor punzante que se aloja en la región costal que no permite inspirar y luego va cediendo la intensidad hasta desaparecer. 

Existen ciertas solicitudes biomecánicas que son causantes lógicas del Rollover intercostal.

Vamos a pensar con lógica. 

La actividad donde las costillas toman un rol primordial en la estabilidad del hombro son las de escalada y trepar. En estas actividades, la articulación escapulo-torácica es la que posee el papel estelar. Mientras las actividades descritas sean en rangos “manejables”, la biomecánica no necesitará de correcciones estructurales mayores (me refiero a, por ejemplo, escaladas lineales en rangos de corta amplitud de brazos). 

Cuando estos rangos exceden las amplitudes y se tornan más largos, con mayor torque y la palanca más distanciada del fulcrum, es donde las estructuras deben complementar y suplementar estos excesos de rango, y entonces es aquí donde la estructura de la caja torácica se deforma para aumentar la base de sustentación del movimiento a realizar, produciendo algunas veces y asociado al cansancio y falta de fuerza, el Rollover Intercostal. 

Es importante evaluar todo, en particular poder preguntar de manera específica y precisa para que los diagnósticos puedan ser correctos y los tratamientos efectivos. 

Es momento de reveer y muchas veces replantear qué sucede realmente con las estructuras que creemos pasivas, muchas pueden ser causantes de dolores que se cronifican por un error conceptual y de diagnóstico.

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