Tendinopatías – El problema no es el tendón

La función del tendón es prestar inserción a los músculos mediante el sistema entésico, soportar las tracciones de los mismos y mover las palancas óseas. Se comprende en ello que posean mayor componente de colágeno (componente estructural) que de elastina.

El dolor tendinoso se produce mayormente por una falla mecánica. No se debe dejar de considerar que hay patologías que afectan al tendón, como las colagenopatías, patologías reumáticas, tendinosis producidas por fármacos, entre otras. Exceptuando éstas, la tendinopatía es mecánica.

El tendón tiene la función de traccionar para generar movimiento. Para que esta tracción sea efectiva, es importante tener en cuenta:

– Rangos articulares:

El tendón cumple su función durante todo el rango, generando tracción durante todo el recorrido. Si este recorrido es limitado, el tendón no genera tracción y la función obstruida genera dolor.

– Fuerza muscular:

Si el músculo no genera la suficiente fuerza para deformar al tendón, la estructura del mismo va a cambiar y cuando se lo solicite, va a generar dolor ante la función y a la exigencia.

Es muy importante evaluar estos dos componentes para poder diagnosticar y tratar correctamente.

Lamentablemente muchos problemas médico – traumatológicos se originan por la deficiencia en la evaluación y carencia en la profundización de los diagnósticos.

Muchas veces se observa que la base del diagnóstico se encuentre en el trastorno estructural ignorando los múltiples factores que intervienen tanto mecánica como físicamente.

Es frecuente oír decir a los pacientes que su traumatólogo, al no haber detectado una falla estructural, le comunica que ¨no tiene nada¨ indicándole el cese de actividades físicas, a la espera que la dolencia simplemente desaparezca.

Sin estar de acuerdo con lo antedicho, supongamos que no hay trastorno estructural, sino una falla mecánica y la persona no pudiera cesar la actividad física (hecho frecuente en deportistas de alto rendimiento), el dolor continuaría e incluso pondría en riesgo la integridad de otras estructuras (articulaciones próximas a la lesión primaria) o generaría agravio en el mismo sitio de lesión primaria (desgarros, desinserciones musculares y hasta avulsiones).

Supongamos que la persona cesa la actividad física y el dolor cesa, la falla continuará sin ser solucionada.

Los acortamientos y las adaptaciones antálgicas muchas veces empeoran la situación debido a que la tensión estructural generada por los músculos se vería disminuida, poniendo al descubierto no solo la falla mecánica primaria, sino que, también comenzarían a producir dolor las fallas secundarias (dolor articular por desejes y bloqueos del rango).

Por lo tanto, si la falla mecánica primaria no es solucionada, las adaptaciones y las posiciones articulares antálgicas son potenciales noxas a corto o largo plazo.

“ITIS” aplicado en el sistema músculoesquelético (tendinitis rotuliana, epicondilitis, trocanteritis, entre otros) es simplemente un “diagnóstico” sindrómico, que por cierto está muy lejos de reconocer la causa del mismo.

En músculos biarticulares, la causa de las lesiones puede ser múltiple, por lo tanto, es importante evaluar ambas articulaciones y los componentes musculares periarticulares para encontrar la verdadera falla que produce el dolor tendinoso.

Por ejemplo, una tendinopatía del tendón proximal de uno de los isquiosurales, puede ser por falta de movimiento del hueso ilíaco, que genera una disminución en la cadera durante el movimiento de flexión, generando así, dolor en el isquion durante el estiramiento muscular, debido a una maniobra protectora del mismo organismo.

La solución a estas fallas funcionales es simplemente un buen diagnostico integral, enfocando la causa y no el síntoma.

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