Propiocepción e inestabilidad asociada a una lesión

Es frecuente oír que la propiocepción se genera desde la inestabilidad. Fisiológicamente surge a partir del registro de la información posicional. Si una persona no está habituada a adoptar posiciones inestables, ante una situación generadora de la misma, va a reaccionar con movimientos exagerados impidiéndole continuar con estímulos desestabilizadores.

Las lesiones articulares desorganizan la congruencia articular, afectan la estabilidad, con pérdida de la misma. Desde el punto de vista Kinesiológico, se puede analizar el tratamiento de las lesiones ligamentarias en articulaciones inestables. Es frecuente observar que se las somete a “rehabilitación” aplicando ejercicios que aumentan la inestabilidad (cama elástica, bossu, inestabilidad monopodal, etc.).

Cuando una articulación se lesiona, el complejo muscular periarticular va a dejar de funcionar debido a una reacción refleja proteccionista del sector afectado, generando así menor movimiento y menor solicitud de la zona lesionada. Considerando los conceptos mencionados previamente, el procedimiento debiera ser aportar estabilidad a todas las estructuras dañadas, generando una adaptación confortable (en primera instancia) a los tejidos lesionados para, posteriormente llevarlos a una inestabilidad controlada por la fuerza (no por las reacciones reflejas).

El cuerpo responde con reacciones reflejas ante la detección de inestabilidad y la posibilidad inminente de daño y/o caída con las llamadas estrategias de tobillo, de paso, de aumento de la base de sustentación moviendo los brazos y muchas veces, generando un movimiento posterior de la cabeza.

Si a modo de ejemplo tomamos al tobillo, una lesión del compartimiento ligamentario externo, genera una inestabilidad que ocasiona, en principio, dolor, evolucionando a una predisposición mecánica a la misma lesión.

La estrategia de tobillo, es un movimiento coordinado de los músculos peroneos anterior, posterior, lateral largo y lateral corto sumado a un juego entre el tibial anterior, posterior y sóleo.

Estas reacciones no necesitan fuerza, sino coordinación.

En rehabilitación, es posible aumentar la estabilidad mediante el entrenamiento, pero va a ser un entrenamiento consciente y constante, teniendo presente todo el tiempo el posicionamiento articular; aprendiendo a generar la estabilidad y a usar cada músculo en cada movimiento.

Si la articulación no se encuentra en óptimas condiciones (sin dolor, correcta alineación articular, tejido cicatrizal reducido) se generarán reacciones de defensa ante mínimos movimientos de inestabilidad, ocasionando un biofeedback negativo, produciendo en consecuencia atrofia de los músculos periarticulares y/o respuesta dolorosa.

Forzando la estructura, omitiendo las alarmas y reacciones del cuerpo, se generarán movimientos asociados, que modificarán el patrón normal, derivando a patrón antálgico que cronificará y evolucionará a producir más dolor e inconvenientes en otras estructuras neurobiomecánicas. caminar sobre el agua si no se tiene los medios para hacerlo.

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