Diagnóstico diferencial: Sacroileítis.

La sacroilíaca, es una articulación compleja, clasificada como mixta debido a que tiene una parte que presenta membrana sinovial, siendo una sinovial plana y otra parte fibrosa del tipo sindesmosis.

Esta articulación es una de las principales encargadas de la descarga y distribución de peso, siendo así mismo (como expliqué en el artículo “alineación segmentaria”), la moderadora primaria de la alineación postural estática y dinámica.

Ahora bien, casuísticamente hablando, una gran parte de los pacientes en atención, ya sean deportistas o no, presentan una disfunción de esta articulación por diversas causas.

La causa principal son las traslaciones de pesos desde el piso hacia la altura de la pelvis por delante de la base de sustentación y al centro de gravedad del sujeto (entiéndase como ejemplos, ejercicios como pesos muertos, swings (en deportistas del crossfit) y alzar a un niño frente al sujeto en personas no deportistas/sedentarias)

Durante la evaluación, los pacientes refieren los tipos de movimientos antes planteados y un dolor súbito al momento de incorporarse a la posición erecta. Refiere el dolor como una “ciatalgia” situada en la zona lumbar, principalmente lateral, no centrada, que puede ser puntual sobre la articulación sacroilíaca o no, con irradiación a la zona central del glúteo mayor y, en casos más crónicos, puede haber una sensación de adormecimiento o parestesias y hasta dolor del cuádriceps y la zona lateral del muslo.

Dicho ésto, quiero hacer énfasis en uno de los criterios que, bajo mi punto de vista, es esencial para el correcto diagnóstico y diferenciar de manera correcta una sacroileitis de un problema lumbar propiamente dicho, es el aumento de líquido sinovial producto del esguince de la articulación sacroilíaca. Este es un signo patognomónico de dicha afección biomecánica.

La articulación se ve forzada a ampliar la superficie de distribución de fuerzas, debido al exceso de la inestabilidad anterior del centro de gravedad.

Como no es posible en ese momento ampliar la base de sustentación antero-posterior (que en tal caso sería un recurso lógico para que el centro de gravedad permanezca estable), la articulación tiene que sacrificar estabilidad para no generar nuevas complicaciones como, por ejemplo, la lesión de una raíz nerviosa producto del exceso de tensión neural generada en una flexión de tronco.

Secundario a este recurso de ampliación para el cual la articulación sacroilíaca está diseñada pero no adaptada, generará lo que vemos en lesiones de otras articulaciones sinoviales que es una hidraartrosis.

Esta hidraartrosis, va a ser una respuesta fisiológica de defensa para la reparación articular, produciendo un cambio biomecánico de los músculos periarticulares, que debido a que esta articulación no tiene un estabilizador innato, los músculos como el glúteo mayor y el cuadrado lumbar van a tomar el rol de estabilizadores ante el dolor, haciendo que el sujeto no pueda generar movimientos que produzcan el mecanismo lesivo.

Así es como va a manifestarse el principal signo tangible de esta patología, las “burbujas” de líquido por encima de la articulación sacroilíaca.

Este signo, no solo habla de un dolor agudo e inmediato, sino que también de un historial de dolor; la mayoría de las personas han tenido como antecedente un episodio de dolor sacroilíaco esporádico no invalidante que dejó de ser sintomático a los 2 días.

En el transcurso del tiempo, el líquido se sigue produciendo debido a que el trastorno mecánico principal no se redujo, entonces, como cualquier articulación sinovial en deseje, la fricción va a generar un exceso de líquido y como no puede estar circunscripto al perímetro de la articulación sacroilíaca, éste empieza a alojarse en lugares adyacentes.

El aumento del líquido va a ir incrementando el espacio dependiendo del tiempo de cronicidad del dolor. He aquí otro signo tangible, el aumento de líquido intersticial del sacro. Es un desborde de líquido sinovial que es contenido por la aponeurosis sacrolumbar haciendo referencia a ese historial de dolor sacroilíaco crónico de meses y hasta años.

A la palpación de la zona, el sacro se encuentra cubierto por un tejido parecido al adiposo, más blando en consistencia, que cumple la función de aumentar la tensión de la zona generando un efecto compartimental para disminuir el dolor y maximizar la función.

Si la zona del sacro se encuentra afectada, el tratamiento se va a prolongar en el tiempo, debido a que la reducción de ese líquido va a ser paulatina porque el cuerpo encontró la conveniencia en esa adaptación y va a tender a la producción de la misma cantidad del mismo.

Entonces, es importante que el especialista neurobiomecánico tenga en cuenta estos datos para que la evolución del paciente sea óptima en el menor tiempo posible.

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